LA CRUZADA DE NEVILLE

LA CRUZADA DE NEVILLE

jueves, 22 de diciembre de 2016

معركة وادي لكة وبداية فتح الأندلس


711 LA VERDADERA DIMENSIÓN DE LA INVASIÓN MUSULMANA EN EL SIGLO VIII




Quiero presentarles a Vds  una obra cumbre sobre el acontecimiento de mayor trascendencia histórica que sufrió nuestro país a lo largo de todos los tiempos. EL EJÉRCITO CRISTIANO EN LA ESPAÑA ALTOMEDIEVAL: DE LA DERROTA MILITAR ANTE LOS MUSULMANES A LA RESISTENCIA ESPONTÁNEA FRENTE A  ELLOS María Isabel Pérez de Tudela Velasco analiza de forma memorable desde el punto de vista político militar la abrumadora superioridad de los ejércitos musulmanes tras el desastre del Guadalete y la rebelión espontánea y popular en el norte hispano frente a un Imperio musulmán en constante expansión y dotado de una mística religiosa y guerrera sin parangón. Un poder que había derrotado a imperios de la envergadura del Romano Oriental (Bizantino), Persa Sassánida o reinos poderosos como el visigodo de Toledo. Conozca porqué Don Rodrigo se lo jugó todo a una carta, conozca el error de cálculo de la facción witizana, la doblez de los invasores, su política del terror,  Conozca la resistencia popular y espontánea en el norte, sus verdaderos artífices, un rebelde contumaz del ejército godo arropado de forma desesperada por los clanes del norte. Conozca en definitiva la forja de una nación a sangre y fuego frente a un imperio bárbaro en el sentido mas estricto de la palabra.

El ejército cristiano en la España altomedieval: de la derrota militar ante los musulmanes, a la resistencia espontánea frente a ellos

miércoles, 21 de diciembre de 2016

EL DESARROLLO DEL PODER REAL EN LA EUROPA ATLÁNTICA:LA GALICIA ASTURIANA Y EL WESSEX ANGLOSAJÓN EN EL SIGLO IX

EL DESARROLLO DEL PODER REAL EN LA EUROPA ATLÁNTICA:LA GALICIA ASTURIANA Y EL WESSEX ANGLOSAJÓN EN EL SIGLO IX


por Carlos Baliñas Pérez 


RESUMEN

El reino de Asturias nace a principios del siglo VIII en los valles interiores de la Cordillera Cantábrica, como fruto de la confluencia de intereses y actitudes entre unos exiliados visigodos -en un sentido social y cultural más que racial-con una concepción jerárquica, descendente, teocrática de la monarquía, y unos indígenas astur-cántabros, más vinculados a formulaciones populistas e inorgánicas de la autoridad.

domingo, 18 de diciembre de 2016

LA ISLAMIZACIÓN DE LA PRIMITIVA CASTILLA




El profesor David Peterson defendió en la Universidad de Burgos su tesis : “Frontera y lengua en el alto Ebro, siglos VIII-XI . Las consecuencias e implicaciones de la invasión musulmana.

Su  tesis aborda principalmente la islamización de la primitiva Castilla en los años posteriores a la conquista musulmana (Anwa) —desde 711 hasta 750— y la formación de una frontera que durará tres siglos (VIII-IX), generadora de una serie de singularidades de carácter lingüístico y cultural.
Juan José García González, catedrático de Historia Medieval en la Univesidad de Burgos y director de la tesis, declaró en el Diario de Burgos (30.08.2007)

Los miles de antropónimos árabes o beréberes de la documentación altomedieval meseteña hacen referencia a los tornadizos cristianos que se convirtieron al Islam al tiempo de la invasión. Creo aún más en ello desde que la relevante tesis doctoral de David Peterson ha abordado algunos de los aspectos planteados por Oliver Asín hace medio siglo.
La tesis de Peterson desafía la escasa relevancia que la historiografía tradicional ha reconocido a la invasión musulmana al norte del Duero. Desde Simonet 1897, hasta los trabajos más recientes de Martínez Díez 1994, Glick 1995, Rincón Álvarez 2003, Gil Fernández 2005, la teoría preponderante ha apoyado la idea de que la onomástica semítica castellana habría sido introducida por emigrantes mozárabes a partir del siglo IX. Peterson por el contrario sostiene que fue una consecuencia directa de la invasión musulmana en el siglo VIII.
Muy cerca de la divisoria de aguas que separa los valles del Duero y Ebro, en el corredor que comunica la Bureba (Burgos) y la Rioja, dirá David, “se erigió una frontera que perdurará durante aproximadamente tres siglos”:

Referencias
  • David Peterson (2009). Frontera y lengua en el Alto Ebro, siglos VIII-XI. Las consecuencias e implicaciones de la invasión musulmana.
  • Jesús Gil-Fernández (2004). El latín tardío y medieval (siglos VI-XIII). Historia de la lengua española.
  • Manuel Rincón Álvarez (2003). Mozárabes y mozarabías.
  • Thomas F. Glick (1995). Cristianos y musulmanes en la España medieval: 711-1250.
  • Hermógenes Perdiguero (coordinador) (1995). Toponimia de Castilla y León: actas de la Reunión Científica sobre Toponimia de Castilla y León, Burgos, noviembre de 1992.
  • Francisco Javier Simonet (1897). Historia de los mozárabes de España.
Imagen condadocastilla.es

ISABEL LA CATÓLICA ENVENENÓ A SU HERMANO



DIARIO EL MUNDO

  • Aparece en un documento hallado en Harvard, firmado por la hija de Enrique IV

  • La revista La Aventura de la Historia examina el caso, ya apuntado por Marañón

 sabel la Católica ordenó envenenar a su hermano el rey Enrique IV para acelerar su ascenso al trono «por cobdicia desordenada de reynar», junto a Fernando de Aragón, quienes «acordaron, e trataron ellos, e otros por ellos, e fueron e fabla e consejo de lo facen dar (...) ponçoña de que después falleció».
Es la denuncia de un olvidado Manifiesto de 1475 firmado por Juana de Castilla, hija y heredera del rey, más conocida como la Beltraneja por sus detractores. Un apodo despectivo de la época, perpetuado hasta hoy, que la calificaba de ilegítima, apuntando a Beltrán de la Cueva, noble y favorito de Enrique, como su verdadero padre.
El documento firmado de su puño y letra con el que Juana y sus partidarios trataban de contrarrestar la campaña política contra ella de Isabel, a la que denomina «Reyna de Sicilia», con desprecio, negándole su condición de castellana, por su matrimonio con Fernando, príncipe de Aragón y Rey de Sicilia, consta de cuatro páginas escritas por las dos caras con apretada letra cortesana, un relato marginado durante siglos, en el que Juana de Castilla acusa además a su tía y madrina, no ya de usurpadora, sino de asesina, de dar «ponçoña», es decir, veneno, a su padre el rey Enrique IV.
Es también el desesperado intento por desterrar el bulo de su ilegitimidad durante la Guerra de Sucesión Castellana (1475-1479) que siguió cuando Isabel se autoproclamó Reina de Castilla a la muerte de Enrique IV, en 1474, de la que saldría vencedora y reina.

Un dardo intencionado

Juana tampoco perdona a Isabel su matrimonio con Fernando: «Se casó e celebró matrimonio con el dicho Rey de Sicilia [Fernando de Aragón] seyendo parientes en grado prohibido, sin tener dispensación apostólica». Un dardo intencionado, porque Isabel y Fernando eran primos segundos y se habían casado en 1469 sin disponer del permiso del Papa.
Del documento acusador de Juana a Isabel sólo existe un original enviado a la ciudad de Zamora y una copia del siglo XVI de la destinada a Madrid. Es precisamente la copia del siglo XVI la que ha hallado ahora la profesora de Historia Medieval de la Universidad Carlos III María Jesús Fuente en la Biblioteca Houghton de la Universidad de Harvard, Boston, tal y como publica en un artículo de investigación en el número de febrero de La Aventura de la Historia, en el que analiza un texto que ha sido despreciado por la historiografía. Se trata de una copia de la carta del Manifiesto destinada por Juana a la villa de Madrid que jamás se publicó, porque desapareció.
El original existe, no obstante, y se encuentra en el Archivo Histórico de Zamora, tras ser descubierto a principios del siglo XX por José Fernandez Domínguez [lo transcribió en una modesta edición de 1929 titulada La guerra civil a la muerte de Enrique IV, Zamora, Toro, Castronuño].
Pese a su gran valor, ese original no tuvo apenas repercusión, tal y como explica a Crónica Oscar Villarroel, profesor de historia Medieval en la Universidad Autónoma, autor de la reciente Juana la Beltraneja, la construcción de una ilegitimidad.
¿Qué dice Juana? No sólo el envenenamiento es la acusación sobre su tía. A Isabel y su esposo, Fernando, futuros Reyes Católicos, los califica de «mala e siniestra intención» por el hecho de «negar ser yo fija del dicho Rey [Enrique IV] mi señor». El texto está ordenado y bien escrito, demasiado para una niña de 13 años. De lo que nadie duda es de que es suya la firma del documento. El resto habría sido inducido, pues a diferencia de Isabel, Juana fue manipulada durante años por los nobles y su esposo y tío Alfonso V de Portugal, con el que se casó en 1475.
Enrique IV, hermano de isabel, murió de manera tan repentina que no le dio tiempo ni a hacer testamento
Las palabras que debían defender, a la postre, su condición de reina fueron pergeñadas entre los muros del Alcázar de Plasencia ese mismo año del señor, casi con toda probabilidad por Diego Pacheco, marqués de Villena e hijo de Juan Pacheco.
A Juana la defendían, curiosamente, los mismos nobles --Pacheco, Carrillo...-- que antes la habían desprestigiado para siempre. Ellos la motearían La Beltraneja, y así quedó para la Historia, al estar envueltos en 1464, dos años después de nacer ella, en una disputa con Enrique IV, que saldarían haciendo correr el rumor de la impotencia del rey y la paternidad de Beltrán de la Cueva.

Posible arsénico

El autor o autores reales del panfleto iban muy lejos con las acusaciones de asesinato, hasta el punto de afirmar en el opúsculo que se sabía de las órdenes para envenenar a Enrique IV con antelación: «...siete u ocho meses antes, que el dicho Rey mi señor falleciesse, a algunos Caualleros, en algunas partes destos mes reynos, afirmándoles e certificándoles que sabían cierto que auia de morir antes del día de Navidad e que non podía escapar...».
No hay pruebas de ello, ni de la implicación de Isabel, pero... El prestigioso médico Gregorio Marañón publicó en 1930 su Ensayo biológico de Enrique IV, en el que señalaba la posibilidad del arsénico como causa de la muerte del rey, tesis que apuntalaría cuando exhumó los restos del monarca en 1946, hallados por casualidad poco antes detrás del retablo del Monasterio de Guadalupe.
El Manifiesto de Juana fue olvidado mientras que la denominada Autodefensa de Isabel, de 1471, el documento equivalente en el que la que futura reina católica esgrime sus razones y derecho al trono, ha prevalecido. A su lado, la firma de Juana es el relato de un fracaso: perdería en el campo de batalla, en la diplomacia y en la propaganda. Y sería sepultada por siglos de relatos históricos que favorecieron a Isabel y Fernando.
Derrotada la niña Juana, su muy católica tía la obligó a renunciar a sus títulos de Castilla y acabó relegada en un convento de las Clarisas en Coimbra, Portugal. Aunque salió del noviciado, nunca volvió a Castilla. Murió en 1530 recluida en Lisboa, de donde desaparecieron sus restos en el terremoto de 1755, un último y macabro giro del destino que impide por siempre contrastar su ADN con el de Enrique IV y despejar las eternas dudas sobre su legitimidad.
De la posible ponzoña o veneno --arsénico decía G. Marañón-- que pudo acabar con la vida de Enrique IV, tan repentina que no le dio tiempo a hacer testamento (circunstancia que benefeció a Isabel), sólo queda el Manifiesto de Juana, con esa firma de niña que, entre tanta manipulación y propaganda, se erige sin duda como lo único incuestionable. Tenía 13 años y el reino perdido.

HIJOS DE MAYRIT




En 1561, Felipe II había ordenado el traslado definitivo de la Corte a una pequeña ciudad de la submeseta meridional de la Península Ibérica, Madrid. Los motivos de tan trascendental decisión son múltiples y variados, aunque ninguno de ellos, por sí mismo, parece concluyente. Proximidad al palacio-monasterio de El Escorial, posición geográfica peninsular centrada y equidistante de la costa en los cuatro puntos cardinales; un clima favorable; un color azul intenso del cielo; un lugar donde las aguas abundaban y eran de excelente calidad…
Pero esta nueva capital tenía un oscuro pasado. Algún avispado consejero de Felipe había dado la voz de alarma sobre el tipo de construcciones que menudeaban todavía a mediados del siglo XVI en la zona donde se alza hoy día la Catedral de la Almudena. Inmuebles cuyo origen no parecían estar acorde con los nuevos tiempos, puesto que eran residuos de una época antigua ya superada. Si aquella aseveración era cierta, había que tomar medidas disuasorias. La capital del cristianísimo imperio hispánico no podía tener un origen islámico, y mucho menos modesto. Pero la arqueología ha constatado en tiempos modernos que los más antiguos vestigios descubiertos en la ciudad de Madrid, en los cerros en los que se inició su andadura (las colinas de la Almudena y de las Vistillas), son de época ineludiblemente islámica. Además por Madrid corrían de boca en boca multitud de leyendas, cuentos y anécdotas, que transcurrían “en tiempos de moros” o “en la época de los árabes”. ¿Y cómo obviar topónimos como Puerta de Moros o el barrio de la Morería? Ni el pico ni la pala de los obreros que demolieron los viejos edificios musulmanes ni los cuentos de Calleja de los cronistas cortesanos fueron capaces de destruir ni camuflar este pasado poco glorioso a ojos del rey y sus consejeros.
Algunos autores arabistas investigaron la propia etimología del nombre de Madrid, hasta que estudiando las fuentes árabes, se dieron de bruces con el topónimo de una pequeña ciudad andalusí, que aparecía en aquellos ignotos textos con la denominación árabe de Mayrit. Jaime Oliver Asín, a mediados del siglo XX, dedujo que el nombre de Mayrit estaba íntimamente relacionado con los cauces de agua, las mayras, al que este filólogo añadió el sufijo mozárabe de abundancia -it. Para este autor, Mayrit significaba “abundancia de los cauces de agua”. Los primeros pobladores islámicos se habituaron a recoger el líquido elemento de los numerosos arroyos, riachuelos y corrientes de agua subterránea. Aguas de la vida que proporcionaban al asentamiento todo lo necesario para las actividades humanas. El vigoroso viento de la sierra, helado en invierno, cálido en verano, y el cielo azul de los refranes castizos hicieron el resto.
Es más que probable que el primer núcleo de población madrileño surgiese en la explanada de la Almudena, al calor de la fortaleza que vigilaba el violento ingreso de los rivales cristianos desde el norte, un castillo que la tradición ha querido situar desde tiempos inmemoriales en el solar del Palacio Real, edificio que a su vez ocupa el lugar del viejo Alcázar de los reyes castellanos, reformado en tiempos de Carlos I.
Las fuentes árabes atribuyen a un emir de la dinastía omeya cordobesa la fundación efectiva de Mayrit, a mediados del siglo IX, un monarca que tiene un parque dedicado a su memoria, junto a la “muralla árabe”, excavada al final de la calle Mayor y al comienzo de la Cuesta de la Vega. Mohamed o Muhammad I, el fundador de Mayrit,  gobernó en Córdoba entre los años 852 y 886. Ahora bien, según la opinión de numerosos autores, es muy probable que antes de que Muhammad I otorgase un carácter oficial al asentamiento, ya existía Mayrit como población, posiblemente fundada por los beréberes y los muladíes de la zona. El emir se limitó a amurallar el primitivo núcleo poblacional y a poner al frente del castillo a un gobernador o amilde su confianza. El amil pertenecía muy probablemente a la etnia árabe, y sustituyó, por razones que no alcanzamos todavía a comprender, a los caudillos locales beréberes, responsables de la creación de la posición estratégica años antes. Parece que Muhammad I fundó la plaza fuerte mayrití como eslabón estratégico dentro del entramado defensivo conocido como la Marca Media, vigilante contra las algaradas cristianas procedentes del norte de la sierra madrileña, pero también para custodiar y prevenir las frecuentes sublevaciones de las gentes de Toledo, la vieja urbs regia visigoda. Talamanca del Jarama, junto con Mayrit, cumplió el mismo cometido de vigilancia.
La población de Mayrit estaba compuesta por un pequeño grupo aristócrata árabe, representado por el gobernador de la fortaleza mayrití, quien solía pertenecer a nobles familias de Córdoba. Un colectivo bereber algo más numeroso que el exclusivo clan árabe; los muladíes, la antigua población hispanorromanogoda convertida al Islam, formaban el grueso de los residentes en la ciudad. Un pequeño núcleo de irredentos cristianos, los mozárabes, poblaban los arrabales extramuros de la madina, y por último, un grupo todavía más reducido de judíos residía en su propio barrio, la judería. La población de origen musulmán habitaba, en su gran mayoría, la ciudad amurallada, la almudayna, un espacio ocupado en la actualidad por la catedral de la Almudena, la explanada del mismo nombre, y los alrededores de la calle Bailén esquina calle Mayor, la calle Almudena, la calle Factor y los altos de Rebeque. Con el tiempo, al incrementarse la importancia de la ciudad, la población musulmana desbordó las murallas y comenzó a desparramarse por los arrabales, creados a tal fin junto al primitivo barrio extramuros mozárabe que se alzó posiblemente en el actual barrio de la Morería. Este barrio cristiano tuvo como parroquia principal la de San Andrés, de la cual fue devoto feligrés San Isidro, nacido durante los últimos años de dominación islámica sobre Mayrit.
Mayrit cayó en manos de los cristianos entre los años 1083 y 1085, junto al resto de las plazas y territorios del reino taifa de Toledo, como consecuencia de las capitulaciones pactadas por el rey castellano Alfonso VI el Bravo y el monarca toledano al-Qadir. Alfonso VI fue benevolente con los vencidos, pues permitió elegir a la población musulmana entre abandonar la ciudad o quedarse, manteniendo sus creencias y posesiones. Las elites políticas y económicas, guerreros y ulemas, los doctores de la ley islámica, tomaron el camino del sur, pero la masa principal de la población musulmana, artesanos y campesinos, sin tener dónde ir, permanecieron en Madrid. Simplemente cambiaron de dueño.
Madrid se había perdido definitivamente para las huestes de la Media Luna y encaraba una senda humilde al principio, pero que habría de llevarle siglos después a su proclamación como capital del más extenso imperio cristiano que jamás vieron los tiempos. ¿Fruto del azar? ¿O estaba escrito en las estrellas?

LA CREACIÓN DEL MUNDO Y OTROS MITOS ASTURIANOS POR CRISTOBO DE MILIO CARRÍN




Hablando hace años sobre las leyendas de su pueblo con un anciano asturiano,de los de misa diaria,decía él: ..."Porque nuestra religión (pausa dubitativa y miradas furtivas en torno)....Bueno, la religión que hay ahora es la auténtica: (bajando la voz) pero antes había otra y esa era la nuestra".