LA CRUZADA DE NEVILLE

LA CRUZADA DE NEVILLE

domingo, 4 de junio de 2017

LA ACCIÓN DE LOS PODERES LOCALES EN LA PRIMERA EXPANSIÓN ASTUR (SIGLOS IX-X)

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http://www.rhistoria.usach.cl/la-accion-de-los-poderes-locales-en-la-primera-expansion-astur-siglos-ix-x

José María Mínguez Fernández

EL APOGEO DE LA MINERÍA PRERROMANA

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PATRIMONIO GEOLÓGICO Y MINERO

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http://www.academia.edu/4115635/Updating_the_Ruina_Montium_wrecking_of_mountains_an_Iron_Age_gold_mining_system

EL SELLO REAL DE DON PELAYO

Sepulcro de Don Pelayo (1860).

EL FIELATO, AUTOR FRAN ROZADA

EL FIELATO Y EL NORA-FRAN ROZADA

Cuando en el año 1572 Ambrosio de Morales visitó Covadonga por orden de Felipe II, de entre los muchos detalles que nos dejó por escrito seleccionamos uno relacionado con la escalera para subir a la Cueva; señala que: “Desde el llanito del pie de la peña hasta el suelo de esta Cueva, se sube agora por dos escaleras o tres, parte de piedra y parte de madera, labradas todas a manos, con haber en todas noventa escalones”. Un siglo después, en 1674, la Junta del Principado donó 6.000 reales para el arreglo de esta escalera, y lo hizo por manos de fray Clemente de Vigil Hevia. Este asunto motivó tiempo después un ruidoso incidente entre el gobernador de Asturias, el primer Marqués de Camposagrado (Gutierre Bernaldo de Quirós de las Alas y Carreño) y el obispo Alonso Antonio de San Martín. El marqués exigió que se le devolviese ese dinero con el pretexto de no haberse destinado al fin acordado y -con esa cantidad- poder enjugar los pagos de ciertos débitos que el Principado tenía con la Corona. Se opuso tajante el obispo a la devolución e, incluso, amenazó al marqués con la excomunión si no desistía de su pretensión. No deja de ser curioso que los dos litigantes tuvieran algo en común; porque el título de marqués se lo concedió a Gutierrez el rey Felipe IV y, el obispo Alonso -que lo fue de Oviedo entre 1676 y 1681- era hijo natural (no legítimo) del mismo Felipe IV y Mariana Pérez de Cuevas. Añadir que, actualmente, la escalera tiene 101 peldaños.



Estatua del rey Alfonso I al pie de la Cueva. (1892)
Dejó escrito el gran arquitecto don Luis Menéndez Pidal lo que un día le comentó el ilustre pintor cangués don José Ramón Zaragoza, el cual, siendo muy niño, acudió a  Covadonga con su padre, el escultor don Gerardo Zaragoza y, según él, ambos estuvieron presentes en la apertura de un antiguo sepulcro en dicho lugar (tal vez en la colegiata). Al quedar al descubierto su contenido pudo ver unos restos perfectamente conservados, del que parecía un noble personaje que llevaba una preciosa joya afiligranada en oro. Así contempló los restos durante breves instantes, pues al poner sobre ellos las manos los que allí trabajaban, los restos se deshicieron en polvo, quedando sólo la joya de sutil chapado. Algo parecido a lo que contó don Roque Pidal (1885-1960) de la joya que heredó de su padre don Alejandro Pidal y Mon (1846-1913), ministro de Fomento y presidente de la Real Academia de la Lengua, el cual -a su vez- la había recibido como regalo del cabildo de Covadonga, en reconocimiento por su gran interés y desvelos por el santuario. Se trataba de un pequeño cilindro de plomo, hueco y abierto por sus dos extremos, con escenas sagradas en relieve, procedente también de una tumba del lugar. ¿Era un anillo o sello real? Hechos así no hubiesen ocurrido hoy, pero ahí quedan en las pequeñas historias de los grandes lugares.

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Epitafio en la tumba de Don Pelayo
Concluyamos esta segunda reseña fijándonos en esa oquedad que presenta la fachada de la Cueva en su parte izquierda exterior. En 1893 se colocó en ella una rústica cruz de madera de castaño (hoy ya sustituida por otra) y quiso hacerse mediante un andamio, pero desistieron en el intento por la gran dificultad de montarlo. Un cangués de nombre Ignacio, -al que llamaban el Quemáu- se deslizó por una cuerda desde la parte superior de la gruta para llevar a cabo tan comprometida labor. Así lo contó Raimundo Pérez, también de Cangas de Onís, que fue quien hizo la cruz. Por ello, era Ignacio el encargado de colocar en diversos lugares del monte Auseva las numerosas lamparillas de aceite con las que se iluminaba aquel lugar en la noche de la que era famosísima “foguera” de Covadonga, la víspera de la fiesta de la Santina, en septiembre. Viene aquí muy a propósito el recordar que el 8 de septiembre se celebraba la Natividad de la Virgen, pero la gran solemnidad de Nuestra Señora de Covadonga era la jornada siguiente, el día 9. En el año 1873 el obispo Sanz y Forés (que tanto hizo por Covadonga) obtuvo del papa Pío IX la misa y oficio propios de Ntra. Señora de Covadonga, para toda la diócesis asturiana, y así le fue concedido para cada jornada del 9 de septiembre. Durante unos cien años así fue y en esa fecha se celebró (como bien recordarán algunos de los que lean estas líneas).


Cruz en la oquedad a la izq. de la Cueva.

FESTIVAL WALLONIE CELTIQUE


jueves, 25 de mayo de 2017

Hallan restos humanos y útiles de la Edad del Hierro en una cueva de Suarías



Alis Serna, en el Museo Arqueológico, muestra la punta de lanza encontrada en Peñamellera Baja. A su lado, Alfonso Fanjul.


Alis Serna, en el Museo Arqueológico, muestra la punta de lanza encontrada en Peñamellera Baja. A su lado, Alfonso Fanjul.
Parece «un basurero de la Edad del Hierro completamente intacto». Así lo describe el arqueólogo asturiano Alfonso Fanjul Peraza, que se encarga en los últimos meses de estudiar este yacimiento, hallado en diciembre de 2016 por el espeleólogo Alis Serna Gancedo mientras realizaba una exploración deportiva de varias cavidades del concejo de Peñamellera Baja, en el Oriente asturiano. En una de ellas, el deportista cántabro, que es además arqueólogo y ha realizado numerosos estudios sobre hallazgos en cuevas en la comunidad vecina, se encontró en superficie una serie de objetos y restos óseos, que han resultado ser de la Edad del Hierro, esto es, de entre los siglos V y I antes de Cristo. Los investigadores han confirmado que se trata de restos humanos, hallados en superficie, entre ellos un gran fragmento de cráneo y, a su lado, varios dientes, aún sin datar ni estudiar. También han aparecido piezas de cerámica y «una potente colección de fauna».
Según explicaba ayer Alfonso Fanjul, que también participaba en aquella excursión espeolológica y fue avisado por su compañero del hallazgo, «la cueva constituye un ejemplo excepcional en Asturias de ocupación subterránea tardía dentro de la Prehistoria reciente y, teniendo en cuenta la calidad y la cantidad de las piezas, así como la escasez de yacimientos en cueva de esta época, podríamos decir que el yacimiento descubierto no tiene parangón en Asturias, donde la presencia de un vertedero protohistórico intacto, con cerámicos y fauna de la Edad del Hierro sobre el que aparecen en superficie una punta de lanza perfectamente conservada y restos humanos, convierten a este yacimiento en la gran cueva de la Edad del Hierro asturiana». Añade que el único paralelo claro está en Lledías, en Llanes, al que se podría sumar -con varios siglos de mayor antigüedad- la sima de Fuentenegroso, en la sierra del Cuera.
Los descubridores comunicaron el hallazgo a la Consejería de Cultura, que envió una semana después a dos arqueólogos del servicio de Patrimonio para realizar una visita técnica. Trasreconocer los restos, se trasladó la punta de lanza al Museo Arqueólogico de Asturias, donde quedó depositada. La pieza, «excelentemente conservada», mide 30 centímetros de longitud, es de sección plana y dispone de un mango de madera circular. Al pasar casi cinco meses desde el hallazgo sin que los descubridores hayan recibido el encargo de realizar una actuación de emergencia -tal y como exige la Ley de Patrimonio- y ante el riesgo de que el yacimiento sea saqueado, han dedicido presentar un proyecto y solicitar esa actuación de emergencia. En la misma, según ha podido saber EL COMERCIO, se plantea una topografía de todo el yacimiento, la recuperación y estudio de las piezas y la obtención de muestras para realizar una datación con Carbono 14, aprovechando que la punta de lanza mantiene inctacta la madera del arma. Igualmente, plantean un presupuesto para realizar un análisis de ADN y un estudio antropológico de los restos humanos para poder datarlos y confirmar su importancia arqueólogica.
«Preferimos no dar el nombre de la cueva ni su ubicación exacta para evitar posibles expolios», explicaba Fanjul, quien de todas formas cree que es necesario realizar «cuanto antes» esa intervención de urgencia para recuperar los restos, que siguen en el mismo lugar donde fueron encontrados a finales del año pasado.