Corría el ya lejano año 1981 cuando una partida de arqueólogos audaces en combinación con políticos megalómanos urdieron uno de los más extraordinarios peplums de la arqueología mundial Gigia, "el Gijón romano".
Se trataba de fabricar un pasado rutilante, grandioso, que por fin engarzara a Gijón con la historia clásica pero no de cualquier manera sino con MAYÚSCULAS.
Querían matar no varios pájaros de un tiro sino una bandada entera, llenando los bolsillos de aquellos arqueólogos "echados palante" , fabricando a los próceres municipales una ascendencia genealógico-histórica que disolviera su pasado de cucho y sardines por uno de marmol y púrpura y finalmente intentando atraer el pan de los bobos "el turismo" porque Asturias estaba sufriendo un genocidio económico orquestado por el bandolero andaluz "Felipepasoslargos".
En realidad no tenían mas que cuatro villas rurales romanas de tercera categoría esparcidas por el concejo pero se inspiraron en los capítulos de la Biblia ,aquellos en los que Jesucristo multiplicaba los panes y los peces o convertia el vino en agua.
Así nació GIGIA "la Pompeya del norte" , la primera ciudad del mundo romano que no contaba con restos acreditados.
Pero el parto fue violento, con los arqueólogos asediados a pedradas tras unas vallas que retumbaban en el Campo Valdés como "las trompetas de Jericó" y así comenzaron a caer ante la realidad y ante el pueblo las murallas de "la ciudad fantasma".
El benemérito arqueólogo Guillermo López Junquera fue el primero que levantó la voz contra la extraordinaria estafa que estaban orquestando y finalmente otros dos arqueólogos Sergio Ríos y César García de Castro le dieron el tiro de gracia en el célebre trabajo "Consideraciones en torno a la historia del Gijón romano".
Abatidos y completamente derrotados ante un argumentario implacable, huérfanos de cualquier vestigio arqueológico al que acogerse entonces se encomendaron a "la visión optimista de la romanización de Asturias" que no es otra cosa que confiar en aquello que no pueden mostrar.
Hoy guardan un prudente silencio aunque eso sí con los bolsillos llenos".
"Aquel que busque en Gijón"
las glorias del Capitolio,
encontrará un trampantojo
de cemento y de cartón.







