LA CRUZADA DE NEVILLE

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sábado, 16 de junio de 2018

EL ORIGEN DEL CASTILLO DE GAUZÓN ES UNA FORTALEZA CASTREÑA Y EXPOLIO A VICENTE JOSÉ GONZÁLEZ

Vicente José González García, en su despacho de Oviedo.

-EL ORIGEN DEL CASTILLO DE GAUZÓN ES UNA FORTALEZA CASTREÑA

-EXPOLIO A VICENTE JOSÉ GONZÁLEZ

LA NUEVA ESPAÑA

El prurito profesional y el sinsabor de haber sido excluido de una investigación a la que dedicó cuatro años de su vida justifican el malestar que dice sentir el arqueólogo Vicente José González García con todo lo que rodea desde hace dos años y medio a las excavaciones en el Peñón de Raíces, donde un equipo liderado por los también arqueólogos Iván Muñiz y Alejandro García trabaja con apoyo municipal y del Principado para sacar a la luz los restos del histórico castillo de Gauzón.


Allí donde se forjó la Cruz de la Victoria, uno de los más importantes símbolos de Asturias, salta ahora una polémica con fundamento arqueológico: «Que se excave en el Peñón de Raíces y se complete el trabajo desarrollado en las década de los setenta me parece estupendo, pero me sabe mal que los sucesivos avances de la nueva campaña arqueológica se den a conocer a la opinión pública como "hallazgos" actuales cuando, en realidad, todo lo que ha salido a la luz está documentado desde hace años y publicado con abundancia de ilustraciones en un libro que yo mismo escribí», expone Vicente José González.


González asegura que la tesis de tres plataformas como solar del fortín de Gauzón, la antigua existencia de un embarcadero y de una rampa que daba acceso desde él al castillo, los trazados de los muros, la localización de estancias con elementos arquitectónicos claramente identificables (goznes de puertas, desagües, umbrales...) y un sinfín de detalles más que últimamente han sido revelados por los trabajos de campo que dirigen Iván Muñiz y Alejandro García constan en el libro «El castillo de Gozón», escrito hace más de treinta años por el arqueólogo a modo de resumen de sus descubrimientos en el Peñón de Raíces. Este trabajo no llegó a la imprenta hasta 2007, año en que el entonces Alcalde de Castrillón, José María León (Partido Popular), accedió a que el Ayuntamiento sufragase la edición del libro en cuestión.


«¿Que cómo me siento?, pues indignado. Y estoy así por la sencilla razón de que cuando acabé mi campaña de excavaciones en 1976 nadie dio importancia a los hallazgos que logramos hacer, muy al contrario se ningunearon en ciertos foros. De aquella, tampoco ninguna entidad mostró interés en dar publicidad a los resultados de la excavación. El tiempo pasó y cuando hace unos años el entonces Alcalde de Castrillón José María León me habló de reanudar los trabajos en el Peñón -fruto de esas conversaciones fue, finalmente, la publicación del libro- la idea me hizo mucha ilusión. Incluso me planteó constituir una comisión de seguimiento de la que yo formaría parte... Y ahí quedó la cosa, hasta hoy nadie más se ha dignado ponerse en contacto conmigo para nada relacionado con el castillo de Gauzón», relata el arqueólogo.


José Vicente González, doctor en arqueología paleocristiana por el Instituto Pontificio de Arqueología de Roma y ex archivero de la catedral de Oviedo, mantiene vivo a sus 84 años el interés por la historia y el patrimonio asturiano. No sólo el castillo de Gauzón mereció su atención como investigador del pasado; su tesis doctoral (1974) consistió en un compendio de apuntes para la reconstrucción -nunca ejecutada- de San Miguel de Lillo y es el autor de un libro-inventario de las más de doscientos fortalezas, torres y palacios desperdigados por Asturias.


González explica que tanto por elegancia como por rigor científico los «descubrimientos» en el Peñón de Raíces que se han difundido en los últimos meses deberían de ser puestos en el contexto adecuado; es decir, vincularlos a las anteriores campañas arqueológicas que, en cierto modo, sirvieron de mapa a las intervenciones futuras y proporcionaron las pistas fundamentales para conocer las interioridades del castillo. «Se traslada a la sociedad la idea de estar ante cosas nuevas que, en realidad, no lo son. Eso es lo que yo critico», apunta el arqueólogo.


Como experto en arqueología, también se permite discrepar de ciertas conclusiones a las que ha llegado el equipo que actualmente trabaja en el peñón de Raíces. Así, Vicente José González asegura que existen indicios pétreos que apuntan a un posible origen de la fortificación anterior aún al siglo VII, el período en que ha sido datada la construcción tras hacer la prueba del carbono 14 a materiales recogidos en la zona. «Estoy seguro de que si se hace la prueba a restos obtenidos extramuros nos iríamos más atrás aún en el tiempo y concluiríamos que el origen de la fortaleza es castreño», afirma. Tampoco está de acuerdo con que se llamen «murallas» al perímetro fortificado del castillo: «Son simplemente muros, no tienen enjundia para ser calificados de muralla ni por el tipo de materiales ni por la forma en que fueron construidos».


Pese al disgusto que arrastra, Vicente José González no pudo resistirse a visitar hace unos días el yacimiento arqueológico y ver con sus propios ojos el estado actual del castillo. «Me alegra que se haya retomado el proyecto para recuperar este enclave tan importante en la historia de Asturias y espero que de una vez por todas deje de ser objeto de agresiones, expolios y demás barrabasadas», comenta.


En este punto, el experto hace memoria y señala al menos tres hechos que hablan a las claras del maltrato que hasta la fecha recibieron los restos del castillo de Gauzón: durante las excavaciones de los años setenta los lugareños rebuscaban por las zanjas en busca de objetos que pudieran tener algún tipo de valor, años más tarde se destruyó parte de un muro para hacer un agujero al objeto de colocar una torre de alta tensión y coincidiendo con la construcción de la carretera de San Juan de Nieva se dinamitó parte del peñón, como si de una cantera se tratase, para extraer piedra. Una vez superado un período de tanta insensibilidad patrimonial, lo que le duele hoy a Vicente José García es sentirse víctima de otro «pecadillo»: la ingratitud.

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